EL TIEMPO DE DIOS
Jesús inicia su ministerio diciendo:
«El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en el Evangelio» (Mc 1,15).
En estas palabras se encuentran dos afirmaciones y dos imperativos. Valdría la pena detenernos a meditar cada una de ellas; sin embargo, en esta breve reflexión me detengo sólo en la primer frase: «El tiempo se ha cumplido».
El término que viene usado en el texto griego es «kairós», que se traduce como tiempo. Los antiguos griegos utilizaban dos palabras diferentes para referirse al tiempo: «cronos» y «kairós». El «cronos» indica el tiempo lógico y secuencial. Y como sabemos, esta palabra es raíz de muchas otras presentes en nuestro vocabulario actual, como por ejemplo: cronología, cronómetro, cronometría, etc. En cambio, el término «kairós» pretende subrayar un espacio de tiempo, una parte de tiempo indeterminado donde sucede algo especial. Mientras el «cronos» tiene un carácter cuantitativo, el «kairós» se refiere a la calidad del tiempo. Así pues, la palabra «kairós» encierra muchos significados, como momento justo, momento oportuno, momento favorable, tiempo de gracia, etc. De hecho, en el tiempo «cronos», se manifiesta un tiempo «kairós», que es de gracia. Así pues, en este espacio de tiempo — lógico y secuencial — llega un tiempo que es de Dios.
Se trata de un momento especial, que señala el cumplimiento de la más grande promesa de Dios, porque la larga espera ha terminado: «Ha llegado la plenitud de los tiempos». A este próposito, el Evangelista San Juan, en su bellísimo prólogo escribe: «Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros» (Juan 1, 14).
También san Pablo, escribiéndo a los Gálatas dice: «Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley» (Gal 4, 4).
El autor de la carta a los Hebros, también habla de este tiempo de gracia:
«Muchas veces y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas. En estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo a quien instituyó heredero de todo, por quien también hizo el universo» (Heb 1, 1-2).
Carlos Macías de Lara
Director Nacional EESA - Italia