LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

En muchas parroquias, movimientos, grupos y asociaciones de nuestra Iglesia Católica, frecuentemente se reflexiona sobre el tema de La Nueva Evangelización. Efectivamente, se habla mucho de este argumento, sin embargo, pocas personas han llegado a comprender qué cosa significa. Así pues, debemos ser conscientes que La Nueva Evangelización debe necesariamente partir de un paso fundamental que es el anuncio del kerygma.

Sobre este tema afirma el apóstol Pablo:

Pues no me avergüenzo del Evangelio, que es fuerza de Dios para que se salve todo el que cree (Rom 1,16).

La evangelización es mucho más que una enseñanza, porque no se trata solamente de trasmitir las verdades de nuestra fe, sino que es el instrumento a través del cual actúa la fuerza de Dios que derrama su gracia sobre aquellos que la acogen con la fe (cfr. 1Ts 2,13).

En este sentido, para comprender la importancia del kerygma en la evangelización del mundo contemporáneo, es necesario subir a Jerusalén y ubicarnos en la plaza pública, para escuchar la predicación de Pedro el día de Pentecostés (Hech 2,14-48). Aquella mañana, los discípulos fueron revestidos de la fuerza que viene de lo alto (Lc 2,49) y, llenos del Espíritu Santo, bajaron del piso superior (Hech 1,13) e inmediatamente comenzaron a predicar en la vía pública. Después de tres minutos de predicación, San Lucas non cuenta un detalle sorprendente: Estas palabras les llegaron hasta el fondo del corazón, y le preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: ¿Qué tenemos que hacer hermanos? (Hech 2,37).

La breve predicación del Príncipe de los Apóstoles toca los corazones de tres mil personas (cfr. Hech 2,42). Frente a este evento surge una pregunta: ¿Cuál es el contenido de la predicación de Pedro, gracias al cual son tocados los corazones de muchas personas?. Leyendo el discurso de Pedro descubrimos que no habla del Magisterio de la Iglesia, de la última encíclica, del nuevo catecismo, del sínodo diocesano, ni tampoco del grupo al que pertenece. Pedro anuncia el kerygma que es esencialmente la proclamación de una persona: Cristo Jesús, que es el mismo ayer, hoy y siempre (Heb 13,8). Pedro no habla de teología, sino que proclama un hecho salvífico: la muerte y resurrección de Cristo sucedido según el determinado designio y previo conocimiento de Dios (Hech 2,23).

Así pues, el verdadero evangelizador no anuncia solamente una doctrina, sino que proclama un mensaje de salvación que es a beneficio de cada hombre: la muerte y resurrección de Cristo. Además, no trasmite este mensaje como un periodista que repite de memoria aquéllo que ha escuchado de los demás, sino que lo hace como un testigo personal, que ha hecho una experiencia de salvación. Solo así puede adherirse a las palabras que Pedro pronuncia en el Sanedrín:

No podemos dejar de proclamar lo que hemos visto y oído (Hech 4,20).

Debemos ser conscientes que la muerte de Jesús es una realidad que influye sobre todos los hombres, porque cada uno tiene un lugar y una responsabilidad; por este motivo Pedro, la mañana de Pentecostés dice a la multitud que representa a toda la humanidad:

Ustedes, valiéndose de los impíos, lo crucificaron y lo mataron (Hech 2,23).

Por eso, es necesario aceptar las consecuencias de este hecho, acogiendo a Cristo y su salvación a través de la fe y la conversión. Esta debe ser nuestra respuesta.

Conviértanse y hágase bautizar cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo, para que queden perdonados sus pecados (Hech 2,38).

En conclusión, el contenido de la predicación de aquella mañana es válido para todas las épocas y lugares.

Carlos Macías de Lara
Director Nacional EESA - Italia