El joven David nos enseña cómo ganar batallas contra enemigos
más fuertes o grandes que nosotros.
Goliat era un gigante quién con su armadura parecía un poderoso
e invencible carro blindado que hasta la tierra temblaba a sus pies. Por cuarenta
días el orgulloso filisteo desafió al ejército del rey
Saúl sin que nadie osara enfrentarlo, pues todos le tenían miedo
y huían de su presencia. David reacciona ante la humillación
de su pueblo y asegura a Saúl:
Que nadie se acobarde por ése. Tu siervo irá
a combatir con ese filisteo: 17,32.
ESTRATEGIA DE DAVID PARA GANAR
La victoria de David no radica en su fuerza ni siquiera en su honda de pastor,
sino en la estrategia que usa para derrotar al poderoso enemigo. Precisa la
Palabra de Dios que escogió cuidadosamente cinco piedrecillas para
su honda ( * ). Aquí están esas cinco piedras que pueden
darnos la victoria:
-
YHWH que me ha librado de las garras del león y
del oso, me librará de la mano de ese filisteo: 17,37.
Tiene la experiencia de haber derrotado al leoncillo y al oso del desierto.
Sabe que es capaz de vencer a cualquier enemigo. Está seguro de sí
mismo.
Ni se acobarda ni tiene miedo ante el poderoso. Decide enfrentar al enemigo,
pues mientras se huya de él, seguirá azolando las tropas de
su pueblo.
- Segunda piedra: no luchar con armas ajenas sino con las propias
El rey comprende que se trata de una lucha desigual, pues David es apenas
un muchacho.
-
Mandó Saúl que vistieran a David con sus propios
vestidos y le puso un casco de bronce en la cabeza y le cubrió con
una coraza. Ciñó a David su espada sobre su vestido. Intentó
David caminar, pues aún no estaba acostumbrado, y dijo a Saúl:
“No puedo caminar con esto, pues nunca lo he hecho.” Entonces
se lo quitaron: 17,38-39.
Saúl dispuso que armaran a David pero con tanto peso que el joven pastor
no podía ni caminar. Entonces tomó su honda y escogió
cinco piedrecillas; las colocó en su zurrón de pastor para enfrentar
a Goliat. No quiere luchar con armas ajenas, sino con las suyas propias. No
se trataba de armas sofisticadas ni superiores a las de su enemigo, sino las
más sencillas y cotidianas. No tuvo que buscar mucho, sino sólo
dentro de su propio ambiente normal.
Nadie puede vencer en el campo de la vida con los carismas, temperamento o
cualidades de otro. Cada uno debe identificar cuáles son las cinco
mejores fuerzas que tiene para luchar.
- Tercera piedra: no se deja intimidar
Cuando los dos contendientes estuvieron frente a frente se libró la
primera batalla: la guerra sicológica. El gigante presumía con
soberbia su superioridad, mientras que David proclamaba ya su victoria. El
filisteo reclamó:
-
“¿Acaso soy un perro, pues vienes contra mí
con palos?” Y maldijo a David”: 17,43.
Goliat lo despreció, pero David no se dejó despreciar. El gigante
quiso devaluar su autoestima, pero David no lo consintió. Maldice a
David, pero el joven rubio y apuesto sabe dónde está
su fuerza y no se deja intimidar por las palabras del enemigo. Al contrario
cobra más valor y proclama su victoria desde antes de entrar en batalla:
Hoy mismo te entrega YHWH en mis manos, te mataré
y te cortaré la cabeza y entregaré hoy mismo tu cadáver
y los cadáveres del ejército filisteo a las aves del cielo
y a las fieras de la tierra, y sabrá toda la tierra que hay Dios
para Israel… porque de YHWH es el combate y los entrega en nuestras
manos: 17,46-47.
David sabe que ese preciso día no otro posterior va
a derrotar al enemigo y hasta vislumbra con toda claridad lo que va a hacer
con él. Pinta y dibuja con detalles concretos la victoria que va a
obtener. Este punto es muy importante: ver en nuestra imaginación
el final del partido que ya ha sido ganado y no como algo que va a suceder
en el futuro, sino en el presente: “YHWH los entrega en nuestras manos”.
- Cuarta piedra: luchar en nombre de Dios
-
Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina,
pero yo voy contra ti en nombre de YHWH Sebaot, Dios de los ejércitos
de Israel, a los que has desafiado: 17,45.
El pastor está luchando en nombre de Dios. No confía ahora sólo
en sus fuerzas y capacidades, sino en el nombre del Dios de los ejércitos
que es todo poderoso. No defiende ningún interés personal sino
el mismo prestigio divino. Esta guerra no es suya, sino del Dios de Israel.
- Quinta piedra: hacerlo bien a la primera vez
-
Se levantó el filisteo y fue acercándose al
encuentro de David; se apresuró David, salió de las filas
y corrió al encuentro del filisteo: 17,48.
David entonces tomó la primera piedra, la apretó en su mano,
la colocó luego en su honda y con puntería magistral la asestó
en medio de la frente del filisteo que cayó de bruces al suelo, que
ni tiempo tuvo para sacar su terrible espada. David no le dio tiempo siquiera
de defenderse, ni menos de atacar.
Lo hizo bien a la primera vez. Es más
fácil hacer las cosas bien desde la primera
vez que enmendar los errores después. El tiempo es un factor
determinante en toda batalla, por lo que es imperativo aprovechar la primera
oportunidad.
Entonces David sacó la espada del filisteo y con ella le cortó
la cabeza, tal y como se lo había predicho.