PENTECOSTÉS:
El Espíritu Santo es para evangelizar
Pentecostés comenzó a las 9 de la mañana con 120 personas reunidas
en el Aposento Alto, pero terminó por la tarde con 3,120 convertidos, llenos
del Espíritu de la Promesa.
Es decir, Pentecostés incluye tanto el derramamiento del Espíritu Santo sobre
los 120 reunidos en el Cenáculo, como la evangelización y la conversión de la
multitud congregada de toda lengua y nación que hay bajo el cielo. Esa mañana
Pedro y los once dieron testimonio de la muerte redentora y de la gloriosa resurrección
de Jesús, que ha sido constituído Señor y Mesías. La abundante cosecha en el
Espíritu Santo fue una multitud de creyentes que aceptaron a Jesús como el único
nombre dado a los hombres para ser salvados.
El reloj de Pentecostés no se ha detenido. Sonó la hora de bajar del Aposento
alto y testificar con el poder del Espíritu Santo la victoria de Cristo Jesús
sobre el pecado y la muerte, anunciar la Buena Nueva de que tanto ha amado Dios
a este mundo que ha enviado a su Hijo, de manera especial a los pecadores, para
que se conviertan y vivan como hermanos que implanten la civilización del amor
aquí en la tierra.
La Iglesia existe para evangelizar. Esta es su gran misión, pero desde hace
20 años esta misión tiene un nombre NUEVA EVANGELIZACION. Nueva en su ardor,
nueva en sus métodos y nueva en su expresión.
Para quienes trabajamos en la evangelización, La Nueva evangelización tiene
tres características que se sintetizan en La Palabra, que es la conjunción de
Kerygma, los Karismas para evangelizar y la Koinonia que anuncia la Buena Nueva.
Kerygma:
Anuncio gozoso de la muerte y resurrección de Jesucristo. No hay otro evangelio
que Jesús muerto y resucitado.
Karisma:
Con el poder del Espíritu Santo, (parresía) es decir con convicción, fuerza
y libertad para manifestar que Cristo está vivo hoy en la Iglesia y el mundo.
Los signos y prodigios son parte de la evangelización de Jesús y por tanto de
todos los tiempos.
Koinonía:
Instaurando en este mundo el Reino de Dios mediante comunidades evangelizadas
y evangelizadoras que se distingan por la santidad de vida. Familias santas,
presbíteros santos, parroquias santas... Una Iglesia santa. Si el mundo de hoy
tiene necesidad de santos(as), tiene más necesidad de comunidades santas.
Pentecostés no se reduce a lo que sucedió a las nueve de las mañana, sino que
incluye el anuncio de la muerte y la proclamación de Jesús como Salvador, Señor
y Mesías, acompañada de signos, prodigios y milagros que construyan la comunidad
cristiana que es el cuerpo de Cristo.
Pentecostés es eminentemente evangelizador. El Espíritu Santo es para evangelizar.