EL BUEN SAMARITANO ES EL MISMO JESÚS
(Lc 10,25ss)

Jesús se ha sentido extranjero en su tierra, pues vino a los suyos y los suyos no le recibieron (Jn 1,11). Dirá Jesús que “a un profeta sólo lo rechazan en su tierra” (Lc, 4,24); Sin embargo, en Samaria lo han recibido muy bien, hasta le pedían que se quedara aún más tiempo (cf. Jn 4,40).

En la parábola del Buen Samaritano, habían pasado de largo un sacerdote y un levita, pero sólo el Buen Samaritano, aquél que viene de "otro lugar” (cf. Jn 17,13-14)  se detiene y se compadece (cf. Mt 20,34). Éste no se fija ni en el origen étnico, ni en la posición económica del hombre herido y necesitado. No le importa quedar impuro o que hablen mal de él con tal de que se manifieste la misericordia de Dios (cf. Mc 9,11).

Este caminante extranjero tuvo compasión y vendó sus heridas ¡este buen hombre sabía curar! Y cuidó de él y al día siguiente pagó dos denarios al posadero (un denario equivale al salario de un día). Desde el primer día el mismo samaritano se hizo cargo de él y dejó lo justo para que lo cuidasen hasta su vuelta al tercer día. De forma similar, encontramos que Jesús un viernes murió por nosotros y “por sus llagas hemos sido curados” (Is 53,4) pero al tercer día estaría de regreso, ¡Resucitado! ¡Por tu cruz y tu resurrección nos has salvado, Señor!

Jesús es el modelo de misericordia que da de comer al hambriento en aquella multiplicación de los panes, pero sobrepasando todo, nos sigue dando a comer del Pan de la Eucaristía y de la Palabra.
Él da de beber al sediento, como diría a la Samaritana, del agua del cual quien tome no volverá a tener sed; aún más, convierte el agua en vino.
Él no solo visita a los enfermos: los sana.
No solo visita a los oprimidos: los libera.
Él integralmente viste al hombre que ha quedado desnudo por su pecado, regresa su dignidad al hombre, a todo hombre y a toda mujer. 
Él acogió a todos los forasteros, los sin hogar, los excluidos, y los ha invitado a su reino, ha invitado a los olvidados e ignorados a las Bodas del Cordero.

Jesús te pide tener misericordia, pero deja primero que la misericordia de este Buen Samaritano que te ha encontrado tirado, herido, casi muerto por el camino de la vida, te vende las heridas, te unja con el aceite y el vino, te dé reposo y cuide de ti.  ¡Tú eres el buen Samaritano Jesús! ¡No pases de largo Hijo de David! ¡Ten compasión de mí!

 

Fernando Román Chablé Juárez
Miembro del equipo fundador de la EESA en Tabasco, México