Dexter Alejandro Reyes


TESTIMONIO DE VIDA

PRIMERA ESCENA: DE CREYENTE “LIGHT”,  A EVANGELIZADO

Nací en la ciudad de México en 1967 y provengo de una familia en la que había una relación cordial entre nosotros y donde mis padres trataron, y muchas veces lograron, llenarnos de felicidad. Aunque ellos no eran muy religiosos, mi madre trató de infundir en nosotros la religión que ella conocía.

Durante mi adolescencia perdí el rumbo y comencé un camino de mucho libertinaje donde tomé decisiones que afectaron a mis padres y sobre todo a mí.

Después de muchos “golpes”, por la gracia de Dios reconocí que no era feliz y que había un vacío tremendo en mi corazón que trataba de llenar con fiestas, alcohol, cigarro, ruido y toda clase de actividades que ponían en riesgo mi vida, inclusive actividades ilícitas.

Pero todo eso cambió cuando en el mes de septiembre de 1985 recibí,  junto con dos de mis hermanos, la invitación a participar en un retiro de iniciación de la Renovación Carismática Católica en el Espíritu Santo. Después de vacilar por horas y preguntarme si eso era lo que quería hacer, en mi corazón el Señor me movió a decir “si” para asistir a esta experiencia… ¡Ahí comenzó la verdadera fiesta de mi vida!

Jesús me encontró y me hizo conocer a su Padre lleno de perdón y misericordia que, a pesar de mis muchos errores, me amaba tanto que entregaba a su Hijo para que muriera por mí y así regalarme la salvación (cfr. Jn 3,16). Recibí el bautismo en el Espíritu Santo que activó en mí la conciencia de ser católico y necesitado de una comunidad para crecer y seguir conociendo a este Dios que me cambió la vida y me desafiaba a un futuro mucho mejor que el que yo había pensado.

SEGUNDA ESCENA: DE EVANGELIZADO A EVANGELIZADOR

Fue en la diócesis de Toluca, capital del Estado de México, en donde estaba la comunidad que me había presentado al Señor Jesús, era la comunidad a la que llamaban cariñosamente “San Juan Chiquito” y el Padre Fernando Vidal Ortíz fue el medio que Dios utilizó, junto con muchos otros hermanos, para enamorarme de la Palabra de Dios, de su Iglesia y hacer conciencia de mi valor como bautizado y de los carismas que Dios me había dado. También ahí fue donde conocí las Escuelas de Evangelización San Andrés. Quedé atrapado por la formación, la visión, la metodología, la alegría, etc., que había en estas escuelas y también por el testimonio de muchos evangelizadores y evangelizadoras que venían de Guadalajara a impartirnos los cursos. En ese momento todo era tan nuevo para mí, que bebía de la Sagrada Escritura y de toda literatura que mis hermanos mayores en la fe me recomendaban.

Recibí el llamado a integrarme en el ministerio de evangelización y visitábamos a los vecinos puerta a puerta para darles el kerygma, impartíamos retiros juveniles y de crecimiento, también los cursos de la Escuela de Evangelización que habíamos recibido. En fin, fueron años de formación, crecimiento, entrenamiento y madurez; que no han terminado hasta el día de hoy.

TERCERA ESCENA: DE EVANGELIZADOR A FORMADOR DE EVANGELIZADORES

En 1991 recibí la invitación para donar un año de mi vida (que se convirtieron en 26 hasta hoy) para el Señor en un organismo que se llamaba “Evangelización 2000 – México”. A través de este organismo habíamos conocido las Escuelas San Andrés en la comunidad. Y en septiembre de ese año fui a vivir a Guadalajara para trabajar de tiempo completo impartiendo los cursos del Programa de Formación. Viajé por gracia de Dios por muchas diócesis de México capacitando y formando evangelizadores a través de estos ungidos cursos de las EESA y de la experiencia que tenía de la vida comunitaria. A partir de entonces los horizontes y desafíos se hicieron cada vez más grandes. Continué la misión en los Estados Unidos donde me uní al trabajo con mi amiga Maribel Vilchis que venía de la misma comunidad de Toluca y más o menos del mismo proceso. Nos enamoramos y decidimos casarnos en 1995. Ambos discernimos que debíamos continuar como un matrimonio evangelizador y nos consagramos a la misión. Debo decir que mi amada esposa ha sido fundamental en el desarrollo del ministerio que Dios me dio, porque está enamorada de Jesús más que de mí y eso me ayuda a ver con claridad en los momentos en los que todo se vuelve oscuro. ¡Gracias mi amor!

Desde entonces Dios nos ha regalado la bendición de anunciar su Palabra por más de 15 países. También, Dios me ha concedió ser parte del Consejo Internacional EESA y Director de la Oficina México hasta 2016. Hoy cuando miro hacia atrás, no puedo más que alabar al Señor que ha sido más que bueno y paciente conmigo y con mi familia.

Lo más importante para mí después de todos estos años es reconocer que todo ha sido obra de Él, de Jesús, que es el Señor de señores y que me amó y se entregó por mí (cfr. Gal 2, 20).

Por Jesús y por el Reino
Dexter Alejandro Reyes Villanueva
Subdirector Internacional EESA